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Decoracion egipcia

Decoracion egipcia


1. Trono. En las representaciones, tanto esculpidas como pintadas, aparece ya a partir del tercer milenio y está destinado indiferentemente a los dioses o a los faraones. Está formado por un plinto puesto sobre una plataforma reposapiés; un almohadón chato y largo recubre completamente el asiento y el bajo respaldo.


2. Mesita. El tablero es deforma circular y se apoya en una sola pata de tipo campaniforme.


3. Silla. El asiento y el espaldar están cubiertos por un almohadón y las patas tienen forma de zarpas de león. Normalmente está acompañada de un reposapiés.


4. Silla plegable. Del tipo de tijera, se usa aún en nuestros días.


5. Pequeña mesa rectangular. Se apoya sobre un soporte de cuatro patas. Usada para juegos de mesa (damas o ajedrez), probablemente tenía también algunos pequeños cajones.

6. Soporte bajo para vasos o ánforas.


7. Soporte alto para ánforas.


8. Cabezal o reposacabezas. A partir del 3000 a. C. se lo usa para dormir, como alternativa a la almohada.


9. Cama. Está formada por un bastidor rectangular de tiras de cuero o de tela, sostenidas por una estructura lateral. En el ejemplo que mostramos, los elementos laterales son dos perfiles de leones estilizados, modelo muy difundido en el segundo milenio.


10. Cofre, utilizado para guardar joyas y otros objetos personales.


11. Arca para guardar vestidos. A veces tiene más de un metro de altura y sus patas están provistas de patines para facilitar su transporte de un local al otro. La ropa también se colocaba en una especie de armario-ropero, con estantes de madera o de obra de albañüería, construidos aprovechando los entrantes de las paredes.

El clima Egipcio

El clima Egipcio


Egipto es como un gran oasis entre dos zonas desérti­cas. Aunque está dividido sólo en dos partes geográfi­cas, teóricamente pueden considerarse en él tres regio­nes: el Alto Egipto, el Medio y el Bajo Egipto. Dos son, en cambio, las estaciones: la cálida, que va de abril a octubre y la fresca, que abraza el período de noviembre a marzo. Pero el campesino distingue tres épocas en el curso del año: la invernal (chetui), la esti­val (sefi) y la de la crecida del río (nili). No se exagera en absoluto afirmando que mucho ha influido sobre la civilización egipcia el clima del país, uno de los más tí­picos de toda la tierra.

Es un clima principalmente sahariano, con precipitaciones atmosféricas casi nulas, cambios bruscos de temperatura del día a la noche. El calor empieza a crecer a principios de marzo: es el mo­mento en que sopla el "qamsin", el viento abrasador que viene del desierto, llamado "cherd" por los indí­genas, "merisi" por los beduinos y simún por los po­bladores del desierto.


EL CLIMA EGIPCIO A ORILLAS DEL NILO


El "qamsin" sopla desde sudsudoeste y es precedido por una violenta caída de la pre­sión atmosférica, a la que de inmediato sigue un rápido aumento de la temperatura: en pocos instantes el termómetro sube de 12-15 grados y el viento del de­sierto trae una nube de polvo impalpable. En el Alto Egipto, sobre todo en Luxor y Filae, el termómetro puede alcanzar 46 y aun 48 grados. Excepto en el lito­ral, el aire en Egipto es muy seco; pero de julio a octu­bre el Nilo trae un volumen de agua tan grande y riega zonas tan vastas que una pesada humedad invade en­tonces la atmósfera.

El Palacio de Akhenaton

El Palacio de Akhenaton


Entre el mundo de las pirámides y el mundo de los templos y santuarios, incluido el de Tebas, se inserta - no sólo geográfica, sino también estilística e idealmente - el de Akhenatón, el "faraón hereje".


Este efímero mundo, que se asoma apenas en la historia de Egipto - pocas décadas frente a más de tres mil años - es ciertamente producto de la fuerza trascendental que arranca de la Esfinge, madura en la experiencia de Imhotep y vuelve a emerger finalmente en las pirámides. Esta aspiración al Dios-Hombre, que se manifiesta como una centella en la conciencia de todos, es la misma que vibra, por siglos, en la intuición de pocos iniciados, y principalmente de los artífices del mundo de las pirámides.


Historia del Palacio de Akhenaton

La revelación de Akhenatón se materializa en la ciudad de Akhetatón, "el Horizonte de Atón ", en Tell el-Amarna y, en particular, en la residencia misma del faraón. Esta casa, como todas las construcciones de la ciudad, no tiene dimensiones colosales ni estructuras que desafíen el tiempo y la naturaleza: está hecha conforme a sus exigencias físicas y espirituales y en estrecha unión con el entorno, pues ha sido concebida para la vida temporal y espiritual del hombre y de su familia.


La residencia privada del monarca se levantaba sobre la Gran Avenida Real, estaba precedida por un jardín distribuido en tres terrazas escalonadas, y una rampa empedrada para los carros, con escalera para los peatones, la conectaba con la vía pública. La mayor parte del área estaba ocupada por un pequeño parque de 3.500 metros cuadrados, sembrado de plantas y flores. Ambos esposos tenían su propio apartamento, compuesto de aposento, cómodo cuarto de baño y guardarropa.


El faraón tenía también un pequeño taller de pintor, donde se han hallado pinceles de fibra de palmera y "lápices" de huesos de pez. Las hijas del monarca tenían seis pequeños cuartos en torno a un patio privado. Todas las paredes, el techo e incluso el piso estaban decorados y pintados con escenas de vida al aire libre entre flores, plantas, animales domésticos y pájaros.

Ciudad de Carnac

Ciudad de Carnac


A cerca de tres kilómetros del templo de Luxor se extiende la vasta área monumental de Car-nac, que los Griegos llamaban Hermonthis. El conjunto consta de tres centros separados, ro­deados cada uno por un muro de ladrillos crudos. El más grande, que está en el centro y ocupa una extensión de unas treinta hectá­reas, es el que Diodoro de Sicilia afirma ser el más antiguo templo de Tebas, vale decir el santuario de Amón. Es también el que mejor se ha conservado.


A su izquierda el santuario de Montu, el dios de la guerra, es un cuadrilátero de unas dos hectáreas y media.

Al otro lado está el santuario dedicado a la diosa Mut, esposa de Amón, representada simbóli­camente por un buitre. Casi la mitad de su superficie (unas nueve hectáreas) está todavía sin explorar.


CIUDAD DE CARNAC EN EGIPTO



Las dimensiones del gran tem­plo de Amón son asombrosas. Es el templo de columnas más grande del mundo: un monu­mento que podría contener, según han dicho eminentes his­toriadores, a Notre-Dame, la catedral de París, toda entera; tan vasto que, como lo afirma Leonard Cottrell, "alcanzaría a encerrar al menos la mitad de Manhattan". La parte más extraordinaria es sin duda la impo­nente sala hipóstila con sus 102 metros de ancho, sus 53 metros de profundidad y sus ciento treinta y cuatro columnas altas 23 metros, que se alzan majestuosas desafiando los siglos. Los capiteles en forma de papiros abiertos tienen en la cumbre una circunferencia de casi 15 metros y podrían dar cabida a unas cincuenta personas.

Durante la XIX dinastía 81.322 personas entre sacerdotes, guardianes, obreros y campesinos tra­bajaban para el templo de Amón. Por otra parte, el templo gozaba las rentas de numerosos campos, mercados y talleres, a las que había que agregar las riquezas del faraón y el botín que traía de sus campañas militares victoriosas.


Varios faraones se sucedieron en la realización de la sala hipóstila: Amenofis III mandó erigir las doce columnas de la nave central que sostienen los arquitrabes; Ramsés I dio comienzo a la decora­ción, que fue continuada por Seti I y Ramsés II.

Ciudad de Dendera

Ciudad de Dendera


Dendera, nombre griego de Tentiris, es una ciudad sagrada con tres santuarios: el de Ihy, el joven hijo de Horus tocador de sistro, el de Horus y el de Hathor. Los dos pri­meros santuarios han desaparecido casi por completo: sólo queda un portón monumental del de Ihy. Pe­ro del tercero existe hoy un edificio prácticamente intacto, más nume­rosos restos que nos permiten re­constituir la disposición del con­junto.


Este santuario era dedicado a la diosa Hathor cuyo nombre (exactamente Hat-Hor en idioma egip­cio) significa "la morada de Ho­rus" y a menudo era representada bajo el aspecto de una vaca sagrada o de una mujer de cabeza cornuda. Hecho de granito rosado como la mayor parte de los edificios de la dinastía ptolemaica, el templo que hoy admiramos no es en realidad sino la reconstrucción de un tem­plo preexistente mucho más anti­guo, que debía de datar de la época de Keops o de Pepi I.

CIUDAD Y TEMPLO DE DENDERA


El templo cuenta con una hermosa sala hipóstila que mira a la expla­nada, mide 25 metros por 42,50 metros, tiene 18 metros de altura y es sostenida por 24 columnas hat-hóricas, vale decir con su capitel adornado con la figura de la diosa. Al interior del templo había otro pequeño edificio consagrado, lla­mado "capilla de la Santidad", el lugar más secreto del santuario en que celebrábanse los misterios del nacimiento del orden cósmico des­pués del caos primordial. Pero Hathor no era tan sólo la diosa cósmica, sino también la protecto­ra de la danza y de la música. He aquí porque todos los años, el vigé­simo día del primer mes de la inun­dación, se celebraba en Dendera la fiesta popular de la "embriaguez".

Ciudad de Edfu

Ciudad de Edfu


La presencia del templo mejor conservado de todo Egipto es la razón de la celebridad en la his­toria egipcia de la pequeña ciu­dad de Edfu. Antigua capital del II nomo del Alto Egipto, los Griegos la nombraron Apolinó-polis Magna. El templo, consa­grado al dios Horus, es de época ptolemaica y fue erigido en el lugar de un templo más antiguo ya existente en tiempo de Tut-mosis III.

Por sus grandiosas dimensiones es, después del de Carnac, el segundo templo de Egipto, pues mide 137 metros de largo y tiene un pilón de 36 metros de alto por 79 metros de frente. Dos espléndidas estatuas de granito negro montan la guardia a ambos lados de la entrada.

CIUDAD Y TEMPLO DE EDFU


Representan al dios Horus en forma de halcón. El nombre del dios deriva en efe&o de la palabra "Hor" que signi­fica halcón. Detrás de las esta­tuas levántase la muralla exte rior del templo, adornada de grandes figuras de Horus y Hat-hor. Las ranuras que se obser­van a ambos lados del portal servían antiguamente para sos­tener los palos de los estandar­tes. Al interior del santuario puede aún admirarse el hermosí­simo tabernáculo de granito gris, un monolito de 4 metros de alto todavía en perfecto estado de conservación.


Según indican las inscripciones, fue construido en tiempo de Nectanebo II (360 a. de J.C.). Antes de visitar el templo, es interesante ver el "mamisi", construido bajo Evérgetes II. En lengua copta la palabra significa "el lugar del parto" e indicaba el punto en que simbólicamente Horus re­nacía todos los días.

Ciudad de Esna

Ciudad de Esna


Capital en la antigüedad del II nomo del Alto Egipto, fue lla­mada Latópolis por los Griegos, de Lato, un pez sagrado que allí se veneraba en forma especial y del que numerosos ejemplares momificados han sido hallados.

Ciudad de Esna en Egipto


Del pueblo actual sólo queda hoy un templo dedicado al dios Khnum, que es una transforma­ción de época ptolemaica de un templo de la XVIII dinastía. La sala hipóstila (33 metros por 18 metros, con 24 columnas de 13,50 metros de alto) es prácti­camente intacta.


Los diferentes motivos floréales de los capiteles de las columnas son de notable interés.