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Valle de los Reyes

Valle de los Reyes


En las sierras que se extienden al sur de Tebas se abre un sin nú­mero de pequeños valles, el más célebre de los cuales es el Valle de los Reyes, o Valle "de las tumbas de los reyes de Bibán el-Muluk".

Era antaño un desfiladero perdido, una quebrada oculta en medio de las anfractuosidades rocosas; hoy tiene vías de más fácil acceso, pero aún conserva intacto su misterioso poder de fascinación.


Comienza su historia por la decisión improvisa de un fa­raón, Tutmosis I, de separar su tumba del templo funerario y rehusar un monumento sepul­cral fastuoso prefiriendo un lugar secreto, así interrumpiendo una tradición de 1700 años. Su arquitecto, Ineni, excavó para el soberano un pozo en aquel valle solitario y para la sepultura destinó una cámara al final de una empinada escalera tallada en la roca. Fue ésta la planta que adoptaron más tarde todos los otros faraones.

Sin embargo, el reposo de Tut­mosis, como el de los reyes que le siguieron, no duró largo tiempo y la historia del Valle de los Reyes está toda hecha de robos y rapiñas nocturnas a la luz de antorchas. No tratábase tan sólo de ladrones, que ya en la época de los faraones habían organizado saqueos para apode­rarse de alhajas y tesoros, sino también de subditos fieles que, temerosos de que su soberano no estuviera a salvo, lo llevaban a escondidas de una tumba a otra. ¡Fue así como Ramsés III fue sepultado tres veces seguidas!




VALLE DE LOS REYES


Casi todos los pobladores de Gurnah vivían del comercio de las antigüedades robadas. Ya desde el siglo XIII a. de J.C. el saqueo de las tumbas había lle­gado a ser un oficio que el padre transmitía a sus hijos.


En aquel pueblo la familia de Abdul Rasul guardaba un secre­to: la ubicación de una tumba anónima y solitaria, en que esta­ban reunidos los sarcófagos de treinta y seis faraones. Fue sólo en 1881 que el lugar fue revelado después de un largo interrogato­rio y el vicedirector del Museo del Cairo fue conducido a la entrada del pozo. Es difícil ima­ginarse lo que experimentó el sabio cuando la antorcha alum­bró los restos mortales de los grandes faraones de la Antigüe­dad, allí colocados sin orden alguno. A su vista aperecieron Amosis I, Amenofis I, Tutmosis III y Ramsés II. Una semana más tarde doscientos hombres embalaron los sarcófagos y los bajaron por el valle hasta el río, donde esperaba un barco que debía llevarlos al Museo del Cairo. Aconteció entonces un hecho admirable y conmovedor: al anuncio que los faraones abandonaban su sepulcro secu­lar, juntáronse los campesinos y sus esposas en las orillas del río y al pasaje del barco rindieron homenaje a sus antiguos sobera­nos, los hombres disparando salvas al aire y las mujeres can­tando lamentaciones y cubrién­dose la cara de polvo.


Tumba de Ramsés IX:

La tumba es muy interesante por su decoración pictórica de escenas inspiradas en el "Libro de los Muertos", las "Litanías del Sol" y el "Libro de la Duat".


Tumba de Ramsés VI:

De dimensiones reducidas, tiene una pared superior muy her­mosa, en que figuran los dos hemisferios celestes y los dioses estelares en procesión, siguien­do los barcos solares que nave­gan en el Nilo celeste.

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